La Justicia procesa a policías por la muerte de Florencia Morales

A casi seis años de su muerte, la Justicia procesó a policías por delitos graves en el caso de Florencia Morales, un caso emblemático de la lucha contra la violencia institucional en Argentina.


La Justicia procesa a policías por la muerte de Florencia Morales

A casi seis años de la muerte de Florencia Magalí Morales en una comisaría de San Luis, la Justicia procesó a policías por delitos graves, incluyendo torturas y privación ilegítima de la libertad. La definición se espera en el corto plazo y podría modificar el escenario procesal de la causa. El caso de Florencia Morales se inscribe en un contexto más amplio de denuncias por abusos policiales durante el aislamiento obligatorio. El caso vuelve a poner en agenda la responsabilidad estatal y la necesidad de abordajes con perspectiva de género. La causa por la muerte de Florencia Magalí Morales, ocurrida en abril de 2020 en Santa Rosa del Conlara, registra movimientos judiciales relevantes tras años de demoras. Dos de ellos quedaron con prisión preventiva, acusados de delitos graves como torturas seguidas de muerte, privación ilegítima de la libertad e incumplimiento de deberes de funcionario público. La mujer había sido detenida por la policía en el marco del aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) y apareció muerta horas después dentro de una celda. Durante mucho tiempo, la versión oficial sostuvo que se trató de un suicidio. Mientras tanto, el caso sigue siendo emblemático en la denuncia de la violencia institucional en Argentina y en la exigencia de justicia por parte de la familia y de distintos colectivos. Las condiciones excepcionales de control social habilitaron prácticas que, en muchos casos, derivaron en vulneraciones de derechos. Morales era una mujer que fue detenida por una falta menor y expuesta a un dispositivo estatal que no solo no garantizó su integridad, sino que tampoco respondió ante sus necesidades. Las denuncias incorporadas al expediente indican que, estando bajo custodia, no recibió la asistencia adecuada pese a haberlo solicitado. En tanto, las otras dos policías fueron imputadas por no haber denunciado las irregularidades y por omisiones en su accionar. En los últimos días, el expediente sumó un nuevo capítulo: el Poder Judicial debe resolver si las imputadas que continúan en libertad también serán detenidas. Sin embargo, la familia y organizaciones sociales cuestionaron esa hipótesis desde el inicio, señalando inconsistencias en la investigación y posibles responsabilidades de las fuerzas de seguridad. En marzo de 2026, la Justicia avanzó con el procesamiento de cuatro efectivos policiales que estaban de servicio el día del hecho. Este tipo de situaciones pone en evidencia formas de violencia que no siempre son visibles, pero que afectan de manera diferencial a mujeres en contextos de encierro. Asimismo, la insistencia inicial en la hipótesis de suicidio refleja un patrón recurrente: la tendencia a minimizar o invisibilizar posibles violencias cuando las víctimas son mujeres, especialmente en ámbitos institucionales. Un proceso aún abierto. A casi seis años del hecho, los avances judiciales llegan de manera tardía pero significativa. La incorporación de la figura de torturas seguidas de muerte marca un cambio en la orientación de la causa y en el reconocimiento de la gravedad de lo ocurrido. El proceso continúa en etapa de investigación y todavía resta determinar responsabilidades de manera definitiva.