La provincia de Neuquén continúa este viernes bajo emergencia ígnea, en el marco de una de las temporadas de incendios forestales más graves de los últimos años en la Patagonia. Si bien varios de esos focos fueron contenidos, las autoridades mantienen guardias activas debido a la acumulación de material combustible y a las condiciones meteorológicas adversas que persisten en la región. En el norte de Neuquén, particularmente en zonas cercanas a Buta Ranquil y el área de Tromen, se registró días atrás un incendio rural que afectó aproximadamente 100 hectáreas de pastizales y monte bajo. Según estimaciones oficiales y relevamientos satelitales consolidados, el fuego ya consumió más de 50.000 hectáreas en el sur argentino, afectando principalmente a Neuquén, Chubut, Río Negro y Santa Cruz, con un impacto severo sobre bosques nativos, áreas rurales y zonas de alto valor ambiental.
En territorio neuquino, si bien no se registran al día de hoy focos fuera de control en zonas urbanas, la situación sigue siendo delicada. En paralelo, se mantiene la coordinación con el Servicio Meteorológico Nacional para anticipar escenarios de riesgo extremo y ajustar los despliegues operativos. Mientras el fuego continúa avanzando en distintos puntos de la Patagonia, Neuquén permanece en alerta máxima, con focos activos y latentes bajo vigilancia constante, en un contexto regional donde el impacto ambiental y territorial ya alcanza decenas de miles de hectáreas devastadas. Los principales puntos de atención se concentran en áreas rurales y cordilleranas, donde brigadistas provinciales y nacionales mantienen operativos de combate, contención y vigilancia permanente ante el riesgo de reactivación.
Uno de los sectores más sensibles continúa siendo el Parque Nacional Lanín, donde en los últimos días se detectaron focos secundarios vinculados a tormentas eléctricas secas y descargas de rayos. En Chubut, se concentran los incendios de mayor magnitud, con miles de hectáreas de bosque andino-patagónico arrasadas, mientras que en Río Negro persisten focos activos en áreas rurales y de interfase. Estas condiciones generan columnas de humo que afectan la visibilidad y la calidad del aire en distintas localidades neuquinas, especialmente cuando los vientos predominantes trasladan el material particulado desde el oeste y sudoeste. Las cifras consolidadas al día de hoy indican que la superficie total afectada por el fuego en la Patagonia supera ampliamente las 50.000 hectáreas, y algunas estimaciones basadas en imágenes satelitales elevan ese número incluso por encima de las 60.000 hectáreas, lo que ubica a la actual temporada entre las más destructivas de las últimas décadas.
El operativo de respuesta incluye brigadistas del Sistema Provincial y Nacional de Manejo del Fuego, bomberos voluntarios, medios aéreos y apoyo logístico interprovincial, con prioridad en la protección de poblaciones, infraestructura crítica y áreas naturales protegidas. Las autoridades remarcaron que una proporción significativa de los incendios tiene origen antrópico, por lo que se intensificaron los controles y las restricciones sobre actividades de riesgo. Desde el gobierno neuquino reiteraron el llamado a la población a extremar las medidas de prevención, evitar cualquier tipo de quema, respetar las prohibiciones vigentes y denunciar de inmediato la presencia de humo o fuego.