El Gobierno llegó al dato de inflación de marzo con una señal poco habitual: fue el propio ministro de Economía, Luis Caputo, quien salió a admitir públicamente que el índice estará por encima del 3%. Esto confirma que el proceso de desinflación ya no avanza con la velocidad esperada. El dato marca un mes bisagra: ya no se discute si la inflación perforó otro escalón hacia abajo, sino si volvió a mostrar un piso difícil de quebrar. Caputo atribuyó el resultado a un "shock" vinculado al petróleo y al efecto estacional de la educación. Los privados ya venían apuntando a una inflación de alrededor del 3%. El desafío del Gobierno es convencer de que no es el comienzo de una meseta incómoda. La tensión social y financiera es más frágil de lo que admite el discurso oficial. Con este telón de fondo, Caputo viaja a Washington para las reuniones del FMI y el Banco Mundial. El freno de la inflación no basta para recomponer el humor social si los ingresos siguen corriendo de atrás. La amenaza de combustibles y tarifas sigue latente. Una encuesta de Reuters calculó una mediana del 3%, lo que marcaría la mayor suba mensual en un año. La morosidad de los hogares con créditos bancarios trepó al 10,6%. Las naftas y el gasoil acumularon subas de dos dígitos en marzo, y el barril de Brent superó los 110 dólares.
El ministro argentino reconoce el alza de la inflación
El ministro de Economía de Argentina, Luis Caputo, admitió que la inflación de marzo superará el 3%, lo que indica una desaceleración en el proceso de desinflación. El gobierno intenta mitigar el impacto atribuyendo el alzo a factores externos, pero esto genera tensión social.