En el último año y medio, Vaca Muerta aceleró una reconfiguración que ya se percibe como un cambio de época: grandes petroleras multinacionales comenzaron a achicar su exposición o directamente a salir de Argentina, mientras compañías locales ganaron volumen a fuerza de adquisiciones y la petrolera estatal YPF busca blindar el salto exportador con nuevos socios internacionales, incluidos actores controlados por Estados. La transformación combina oportunidades inéditas por la calidad del shale neuquino con un telón de fondo que no desaparece: volatilidad macro, memoria del cepo y el riesgo político de que futuras administraciones reviertan reformas de mercado impulsadas por el gobierno de Javier Milei. El punto de inflexión fue la aparición de precios de salida que sorprendieron incluso a ejecutivos del sector. El resultado es contundente: Vista, nacida en 2017, consolidó su lugar como la mayor petrolera privada “pura” en producción dentro del shale argentino, construyendo escala a partir de compras selectivas a multinacionales. Otro capítulo de este repliegue fue el de la malaya Petronas, controlada por el Estado de Malasia, que también vendió activos en el país y se retiró de la primera línea del gran proyecto de GNL que impulsaba junto a YPF. La estadounidense Continental Resources, ligada al magnate Harold Hamm y con fuerte experiencia en shale en Norteamérica, se asoció con Pan American Energy, mientras la colombiana GeoPark volvió a la cuenca con un plan de inversión plurianual y acceso a financiamiento local. En el mismo sendero, la angloholandesa Shell se apartó de esa mesa de negociación en 2025, en medio de diferencias sobre financiamiento y plazos. Tras años en los que muchas filiales valuaban sus activos argentinos con criterios conservadores —por restricciones cambiarias y dificultades para girar utilidades—, varias compañías advirtieron que podían vender “a buen precio” y reasignar capital hacia geografías consideradas menos riesgosas y más rentables. Y la francesa TotalEnergies redujo exposición en petróleo al transferir activos a YPF, aunque conservó posiciones en gas, reflejando que el retiro no es uniforme: algunas compañías recortan solo donde consideran que el riesgo-retorno dejó de cerrar. En la otra vereda, el nuevo mapa muestra una fortaleza relativa de los jugadores argentinos, habituados a operar con ciclos políticos y restricciones cambiantes. Pluspetrol se convirtió en uno de los grandes ganadores del reordenamiento tras absorber activos de ExxonMobil. Vista escaló con adquisiciones sucesivas y con un perfil que combina producción en aumento y ambición de crecimiento. YPF, por su parte, intenta equilibrar dos tableros: sostener el liderazgo productivo en Vaca Muerta y, al mismo tiempo, estructurar el salto exportador que le permita transformar el gas en divisas duraderas. Allí aparece el componente más novedoso: el ingreso o consolidación de socios estatales extranjeros en el proyecto Argentina LNG. En el oficialismo entienden que sumar respaldo de capitales estatales y corporaciones con espalda técnica ayuda a reducir el riesgo de ejecución y a sostener el proyecto frente a la volatilidad local. La ventana de oportunidad está abierta, pero el mercado sigue mirando dos variables como condición: estabilidad macro sostenida y reglas de juego previsibles que sobrevivan a los ciclos políticos. En Argentina, y en un plano institucional que también marca clima político interno, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner deberá mantener la tobillera electrónica y las restricciones de su prisión domiciliaria: la Cámara Federal de Casación Penal rechazó los planteos de la defensa para retirarle el dispositivo y flexibilizar condiciones, pese a las chicanas en sentido contrario, y ratificó el esquema de control y supervisión vigente. La noruega Equinor avanzó con el desprendimiento de su negocio onshore en Vaca Muerta en favor de Vista Energy, la compañía fundada y conducida por Miguel Galuccio, en una transacción cuyo valor total se ubicó en torno a US$ 1.100 millones considerando efectivo, acciones y pagos contingentes, mientras Vista informó una inversión neta de US$ 712 millones por participaciones en áreas relevantes. El caso emblemático fue la venta de activos de ExxonMobil: a fines de 2024 la estadounidense acordó desprenderse de posiciones en el shale oil a favor de Pluspetrol por una cifra cercana a US$ 1.700 millones, operación que además incluyó participación en infraestructura de evacuación clave como el oleoducto Oldelval. En paralelo, YPF continúa buscando un “cuarto socio” que refuerce la estructura financiera, con nombres vinculados al universo de Saudi Aramco entre las alternativas que circulan en el sector. El reordenamiento también incluye entradas selectivas de firmas externas no tradicionales en el país. A su vez, la brasileña Fluxus, del grupo J&F, desembarcó con una inversión inicial menor pero simbólica en términos de diversificación de actores. El denominador común es que Vaca Muerta dejó de ser un tablero dominado por majors globales y pasó a un esquema donde pesan más las compañías argentinas y donde los proyectos “ancla” requieren alianzas de gran escala, muchas de ellas con participación estatal extranjera. En los últimos días, YPF firmó un acuerdo de desarrollo conjunto con Eni —gigante italiano— y XRG, un actor de Emiratos Árabes Unidos, para avanzar en un esquema integrado de producción y licuefacción que busca posicionar a Argentina como proveedor global de GNL. Ese movimiento instaló la sensación de “ventana de salida” y abrió un efecto dominó. La tendencia se profundizó en 2025 y 2026.
Reestructuración en el shale argentino: retirada de multinacionales y ascenso de locales
La región de shale argentina Vaca Muerta está experimentando un cambio de época: las petroleras internacionales salen del mercado, cediendo paso a actores locales y a YPF, que busca nuevos socios para garantizar un salto exportador. Este desplazamiento, impulsado por factores políticos y económicos, crea tanto oportunidades sin precedentes como riesgos para el futuro sector energético del país.