Política Eventos Del país 2026-04-11T16:42:23+00:00

Fin de la simulacro: Destrucción familiar en Argentina

Un artículo sobre una máquina de desestabilización que opera en los tribunales argentinos bajo el disfraz de la ideología de género. El autor acusa a las fuerzas globalistas de romper familias y reemplazar la ley con ideología, citando casos específicos.


Fin de la simulacro: Destrucción familiar en Argentina

Es hora de terminar con el simulacro. Se trata de una maquinaria de desintegración familiar diseñada en los laboratorios del Foro de San Pablo, donde la desestabilización es la moneda de cambio para el control social.

Qué frustración, qué enojo profundo produce ver a los “teóricos del género” guardar un silencio sepulcral ante el cajoncito de un niño. Y la realidad hoy tiene el nombre de un chico asesinado por la desidia de los que juegan a ser Dios con el presupuesto público.

Basta de literatura barata. O sacamos la ideología de los tribunales, o los tribunales seguirán siendo la morgue de nuestras esperanzas. Pero cuando el manual — este trasplante ideológico de la socialdemocracia globalista y el Foro de San Pablo — chorrea sangre, el decorado se cae. Es hora de quemar el manual y volver a la única verdad que la política se empeña en olvidar: la realidad es la única verdad.

En la Argentina del simulacro, un juez no mira el expediente, no mira el antecedente de maltrato, no mira el peligro inminente. Y si la identidad encaja en el casillero de la víctima teórica, el verdugo real recibe el beneficio de la duda. Allí solo hay el silencio de una Justicia que prefirió ser “moderna” a ser justa.

La ideología de género no vino a liberar a nadie. Un modelo que, bajo la máscara del progresismo berreta, ha decidido que la igualdad ante la ley es una antigüedad burguesa. Y lo que queda atrás no es justicia, es el vacío. Ahora rige la desigualdad según el mapa genético o la autopercepción de la conveniencia. O peor: recibe la custodia.

Es la continuidad jurídica del espanto. El magistrado, convertido en un comisario político de la moral de turno, mira la “identidad”. Es el intento desesperado de devolverle la vista a una Justicia que se arrancó los ojos para no ver cómo el plan desestabilizador nos convierte en una colonia de experimentos sociales.

Estamos ante una “internacional del disparate”. Y dispara contra los más vulnerables. Lo vimos con Lucio, lo vemos ahora con Ángel. El proyecto de Francisco Sánchez para barrer con esta porquería no es una iniciativa legislativa; es un acto de supervivencia. La perspectiva de género no es un criterio; es un fusil ideológico.

Para la “claque” de la corrección política, para los “muchachos” de la consultoría sueca y la vanguardia iluminada que habita en las oficinas climatizadas de la Capital, la realidad siempre fue un estorbo. A romper el vínculo, a romper la ley y, finalmente, a romper la vida. La socialdemocracia global — esa que no resuelve un bache pero te explica cómo hablar en inclusivo — ha inoculado en nuestras instituciones un virus que desactiva el sentido común. Un detalle menor que debe ser podado, con la tijera del dogma, hasta que encaje en el manual.

Pobre ángel, sacrificado en el altar de la “perspectiva de género”, esa entelequia jurídica que llegó para reemplazar el derecho romano por la teología de la identidad. Es el cuerpo de un pibe.

Hablemos de Ángel. Allí no hay fondos de la ONU. Allí no hay pancartas. Vine a romper.

Últimas noticias

Ver todas las noticias