Entre los votantes de la izquierda, un 55% evalúa el desempeño de la oposición en positivo. Este cuadro refuerza la idea de una oposición que, además de mal evaluada, sigue mostrando una fuerte dispersión.
La segunda alarma surge al proyectar la mirada hacia el futuro. Cuando QSocial preguntó si la oposición está preparada para gobernar en 2027, el resultado volvió a ser muy duro. Otra vez, la suma de opiniones críticas llega a 74 puntos, un número que deja en evidencia la dificultad opositora para instalar, al menos por ahora, una expectativa de recambio confiable.
El estudio también se mete en un punto especialmente sensible para cualquier intento de reconstrucción: el liderazgo. Porque una oposición no necesita únicamente consolidar a sus votantes fieles: necesita además proyectar confianza, ampliar su base y convencer a una porción del electorado de que puede administrar mejor el poder.
En ese marco, la ventaja relativa de Axel Kicillof dentro del universo opositor no alcanza por sí sola para ordenar el cuadro general. El gobernador bonaerense aparece primero en el ranking, pero convive con un 24% de consultados que directamente no saben quién es el principal líder opositor. Esa cifra, por sí sola, grafica la falta de centralidad de una referencia capaz de aglutinar, sintetizar y proyectar poder.
La conclusión que deja el relevamiento es incómoda para los adversarios de Javier Milei. Hoy, según esta medición, eso no está ocurriendo. Aunque el oficialismo pueda haber entrado en una etapa de mayor desgaste y ya no monopolice el entusiasmo que exhibía tras su triunfo electoral, la oposición continúa sin encontrar una forma eficaz de transformarse en alternativa.