Argentina se encuentra en el centro de una transformación geopolítica impulsada por la rivalidad global entre EE.UU. y China. Esta situación, que vive todo el continente americano, ha dado lugar a la 'batalla cultural', cuya esencia es la pacificación social, particularmente iberoamericana, en el marco de una maniobra mayor para dar término a las guerras activas. El país está transitando una dura y acelerada transición de un régimen comunista a uno capitalista, algo que gran parte de la sociedad ignora. En este contexto, los actores se posicionan para negociar desde posiciones de poder. Probables escenarios estratégicos para Argentina incluyen un 'equilibrio prudente', donde el país balancea su 'alianza' con EE.UU., y un 'alineamiento hemisférico', que prioriza el vínculo con EE.UU. reduciendo la cooperación con China. A pesar de esta situación inédita, ocurre un hecho paradojal: en la Argentina de hoy, aliada de EE.UU., los veteranos soldados siguen siendo rehenes de una pseudo revolución fallida. Cualquier política exterior argentina debe responder a tres interrogantes estratégicos: ¿Incrementa esta vinculación nuestra autonomía o la reduce? ¿Aumenta nuestra capacidad disuasiva o nos expone a un arrastre sistémico? ¿Fortalece nuestra base industrial-tecnológica o profundiza nuestra dependencia crítica? Si la respuesta dominante se inclina hacia la dependencia estructural sin un incremento proporcional de seguridad, no se trata de una alianza estratégica, sino de una vulnerabilidad potencial. En el siglo XXI, la frontera entre economía y estrategia es porosa. El desafío para Argentina no es elegir socios comerciales —inevitable en un mundo interdependiente—, sino decidir cuándo y en qué condiciones asumir compromisos estratégicos que puedan comprometer su libertad de acción en escenarios de conflicto mayor. La cuestión argentina no es solo diplomática: es su capacidad de control territorial, marítimo y logístico. El siglo XXI no es solo una transición de poder, sino de cultura. La competencia estratégica involucra no solo recursos y mercados, sino también legitimidad cultural, control civilizatorio y dominio narrativo. En ese contexto, el Atlántico Sur emerge como un espacio crítico de la rivalía sistémica y como prueba de madurez estratégica para la Argentina.
La transformación geopolítica de Argentina: de la dependencia a la soberanía estratégica
Argentina está en el centro de la rivalidad global donde las conexiones económicas y las alianzas estratégicas se entrecruzan. El artículo analiza el complejo camino del país, sus escenarios de interacción con EE.UU. y China, y cómo esto afecta su soberanía y seguridad en el siglo XXI.