Política Del país 2026-02-07T19:55:49+00:00

La Seguridad Estratégica de Argentina en el Umbral del Siglo XXI

Análisis de la situación de seguridad nacional de Argentina. El autor enfatiza que los conceptos de seguridad del siglo XIX no se corresponden con las amenazas modernas como la guerra asimétrica y los conflictos híbridos. El artículo critica la falta de una estrategia nacional clara y llama a la modernización de la estructura de defensa para garantizar la seguridad en un mundo globalizado.


La Seguridad Estratégica de Argentina en el Umbral del Siglo XXI

Sobre este trípode sólido y coherente, cabalga la credibilidad y confiabilidad del Estado: su proyecto comunitario sustentable. Nuestro diagnóstico político-estratégico debe centrarse en dos áreas que tienen implicancias muy profundas para la Seguridad del Estado y la competitividad nacional: las reales amenazas, los riesgos y los hechos estratégicos presentes y la naturaleza de la guerra y de la paz, en el umbral del Siglo XXI. Si reconocemos que los Iberoamericanos tenemos un grave conflicto, originado en nuestra incapacidad de adaptación a la evolución de la civilización, sepamos que la salida del conflicto está en el conocimiento y en el arte estratégico. Toda evolución implica conflicto. El cimiento de la seguridad nacional, en cualquier país desarrollado del mundo, se origina en el entendimiento de la naturaleza dinámica de los conflictos, en la determinación de los riesgos y amenazas que acechan a la Nación, en la actualización de la inteligencia estratégica oportuna. ES UN RIESGO ESTRATÉGICO QUE AFECTA AL CONJUNTO DE LA COMUNIDAD Y AL ESTADO. Con una Estructura de Defensa que preserve nuestro futuro en paz y progreso, en un mundo interdependiente y global, desde una definida identidad nacional. Consecuentemente la Política de Seguridad Nacional, no existe, su correspondiente Estrategia Nacional no ha dado lugar a una razonable Política de Defensa, de la que deberíamos derivar la Estrategia Militar Conjunta-Combinada y los planes de campaña, de operaciones y de contingencia. La culpa es de“los otros”.No pudieron entender la“paradoja de la guerra”, que se prevé y planifica para que no llegue. En nuestro país se ha demonizado la expresión “Seguridad Nacional”, término de la ciencia estratégica universal, surgida en la inmediata posguerra, en 1945. No existe una adecuación, en lo que a la conceptualización funcional estratégica se refiere, a fin de prever y abarcar de un modo integral las derivaciones de la acelerada situación internacional y propia, que nos toca vivir. Nuestro progresivo debilitamiento cultural llegó al extremo de negar la posibilidad del conflicto y hasta la de su hipótesis, cuando éste es connatural al ser humano. Fuerzas asimétricas que, como las del Crimen Organizado Internacional o de los fanatismos religiosos, hasta hace un tiempo atrás no se consideraban en ningún planeamiento estratégico. La aparición extemporánea, en nuestro país, del concepto de “Seguridad interior y exterior”, como sustitutos del universal y aceptado de Seguridad Nacional, surgió desde las falaces “Tesis de Comblin” , como“hábil” enmascaramiento de la“solución legislativa-ideológica”a los “golpes de estado”, cada vez más frecuentes, que recurrían al empleo cíclico de las Fuerzas Armadas en auxilio de un sistema político débil, no consolidado. Allí está su “ultima ratio”, “la razón de fuerza y la fuerza de su razón”, allí está su capacidad y garantía más confiable y creíble de relacionamiento, ya sea en alianza o enemistad, en integración o confrontación. La Seguridad Nacional, que incluye a la Defensa Nacional, es la responsabilidad primaria y esencial del Estado Nación. Es su razón de ser. Nuestra seguridad estratégica está en“grave riesgo” porque enfrentamos a los conflictos actuales, con conceptos del siglo XIX. Una cosa es soslayar, evadir o ignorar al conflicto y otra muy distinta el preverlo, superarlo o ganarlo. No puede modernizarse “una parte” de la estructura estatal y retener las antiguallas en su derredor. Sobre éste trípode sólido y coherente, cabalga la credibilidad y confiabilidad del Estado: su proyecto comunitario sustentable. El agresor hostil “estatal” con tecnología avanzada, fue la amenaza “tradicional” contra la que se han organizado históricamente nuestras comunidades de Defensa Nacional y de Inteligencia Estratégica. A partir de estas bases, se construye una Política de Seguridad Nacional, su correlativa Estrategia y la Política de Defensa, consecuencia y sostén permanente de la Política Exterior y de la Política Económica. Ello exige nuevos cimientos, nuevas formas, nuevas funcionalidades, interrelacionadas con el TODO. Ese todo, en donde se inserta la estructura de la Seguridad y de la Defensa Nacional, es nuestro ESTADO NACIÓN. Ya no podremos ver la guerra simplemente como los ejércitos de un Estado-Nación o grupo de Estados-Naciones combatiendo entre sí. Los Estados nacionales ya no son los únicos que detentan el monopolio de la fuerza al momento de ir a la guerra. A partir de estas bases, se construye una Política de Seguridad Nacional, su correlativa Estrategia y la Política de Defensa, consecuencia y sostén permanente de la Política Exterior y de la Política Económica. Teóricamente todo esfuerzo presupuestario de Defensa se orientó hacia capacidades de tecnología avanzada, para guerras contra fuerzas armadas simétricas, estatales y convencionales. La situación actual torna a esas capacidades en abstractas, obsoletas e inaplicables y nos hacen sumamente vulnerables a las agresiones innominadas e imponderables de individuos, clanes, bandas o red de redes transnacionales. Ese Estado Nacional derruido y malversado, carcomido por su debilidad frente a la globalización, debe REHABILITARSE cuanto antes, en función de la etapa de la civilización que transitamos. La estructura de la Defensa Nacional es, sin duda, el “núcleo duro” del Estado-Nación. Allí, en su intimidad, están los altares de los símbolos patrios, las liturgias tradicionales; los ejes culturales de la identidad, de la pertenencia, de la personalidad de la Nación que, desde sus entrañas sociales determina su organización jurídica como sistema político, para convivir en paz, en libertad y en progreso. Guerra Híbrida en toda su magnitud. Para las comunidades de Defensa y de Inteligencia Estratégica, el mayor desafío del siglo XXI va a ser el factor “Tiempo Real”. Una variedad de entidades pueden librar una guerra, algo que ya han hecho en otros períodos de la historia: corporaciones, grupos religiosos, organizaciones terroristas, tribus, bandas guerrilleras, carteles del narcotráfico y otros sindicatos y clanes del crimen. Mientras el ser humano continúe dedicándose a producir, distribuir, financiar, vender y utilizar sus bienes, los soldados y los ejércitos continuarán siendo la garantía final de la seguridad estratégica que ampare y soporte a los ideales e intereses vitales de una Nación. Finalmente, las verdaderas causas de la guerra permanecerán constantes: las personas -ya sean líderes políticos de una Nación o Estado o líderes de“otras”organizaciones- iniciarán guerras por miedo, odio, avaricia, ambición, venganza o por causa de otras emociones e ideas completamente humanas que promueven la “intención hostil”. Los pueblos irán a la guerra cuando perciban que pueden alcanzar sus objetivos al recurrir a la fuerza, cuando no les quede otra alternativa o cuando el honor, el orgullo, los principios o “los dioses“, así lo requieran. Nuestra Estructura de Defensa Nacional ha sido magníficamente destruida,“con completo éxito”y,“descuidadamente adecuada a un mundo que ya no existe”. Ello se ha logrado principalmente a través de la Ley de Defensa Nacional (1988), su ausente reglamentación y de su complemento perverso, la Ley de Seguridad Interior (1992). En el futuro, como en el presente, “el alcance” de la seguridad estratégica internacional será mucho más importante y profundo que las meras preocupaciones puramente domésticas. LA “SEGURIDAD ESTRATÉGICA” TAMBIÉN SE GLOBALIZÓ, AUN PARA LOS QUE VIVEN EN LA BURBUJA DE SUS PREJUICIOS. No está demás volver a insistir: para sobrevivir, en el amanecer del Siglo XXI, debemos contar con un ágil, fuerte y moderno Estado Nación. Con él se iba mucho más allá de lo que era la Defensa, expresión volcada específicamente sobre la fuerza militar. Sin ella no hay ni habrá “salud social”. Nada pues, de esencia más Política que la estructura de la Seguridad y de la Defensa Nacional, como sólido soporte del sistema político. Nos encontramos con que el concepto de “conflicto” y de“guerra”se han expandido hacia direcciones diluidas. Si bien no exige como estrategia central a la militar, es el riesgo que debiera estar en el núcleo de las Políticas Nacionales de Seguridad y de Defensa, imprescindibles y ausentes, en el ambiente de una guerra mundial. Agreguemos otra dimensión a esta matriz: el desconcepto actual de“tiempo”. He allí la importancia de la resolución de los conflictos y de las previsiones a adoptar frente a los que vendrán, a través de su conceptualización correcta y de su tratamiento estratégico. De ellos surgen las“necesidades” orgánicas, de adiestramiento, de equipamiento, de despliegue, de presupuesto… En nuestro continente está presente la agresión estratégica del Narcoterrorismo: la alianza simbiótica entre la red del tráfico ilegal y el terror revolucionario remanente, operando en red con el mega-terrorismo. Como es de toda evidencia, éste flagelo NO está disuadido ni previsto por nuestro obsoleto sistema de Seguridad y Defensa. El núcleo de referencia, articulador de la “integración social” y de la “unidad nacional”. Ya en 1943 Walter Lippman señalaba:“Una Nación tiene seguridad cuando no tiene que sacrificar sus intereses legítimos para evitar la guerra y es capaz, si se la desafía, de mantenerlos, recurriendo a la guerra”. Allí están hoy, aferrados a la carabina traidora, sin rubor y con sinrazones elocuentes que, por supuesto, no pueden soportar el inexorable rigor de los hechos que hoy se desarrollan en nuestra sociedad horrorizada. Dejaron a la Nación sin planeamiento estratégico en una crítica etapa histórica, en la que los conflictos son masivamente “interiores”. Son los responsables “legales”de las muertes ya habidas en la“guerra social”en curso, hasta que salgamos de la indefensión voluntaria e inseguridad generalizada con que transitamos el actual drama argentino. Con toda urgencia es necesario volver a distinguir a la “Seguridad estratégica” de la “Seguridad pública”. Nuestros inefables estrategas-legisladores han redefinido a la“Seguridad” en la ley de “Seguridad Interior”, como“una situación de hecho, atada a derecho… ¡Situación de hecho! El CODENA jamás se ha reunido. Nada más importante en la orientación y referencia de las reformas de segunda generación que exige éste tiempo singular, al estado-nación. Para imponer los neologismos, se explotó la derrota estratégica del“Proceso” frente a la agresión terrorista-revolucionaria, luego del colapso provocado por la guerra en el Atlántico Sur. Entre los proponentes de ésta falacia “geográfica”, estaban los “simpatizantes ideológicos” del terrorismo revolucionario, devenidos en “progresistas”, los “diletantes” del específico tema estratégico y los que se ocupan de cabalgar a las circunstancias, como sobrevivencia personal. *El Dr. Jorge Corrado es Abogado (UBA), Director del Instituto de Estudios Estratégicos de Buenos Aires, profesor del Campus Internacional para la Seguridad y la Defensa en Sevilla, España, profesor titular de Estrategia y Geopolítica, y del posgrado en Políticas Públicas en Seguridad de la UCALP, profesor y colaborador de la Escuela de Guerra del Ejército del Perú. Creyeron, como advenedizos que son, que la guerra era siempre“externa, simétrica, de teatro y entreestados”y redactaron una ley fundada en que “no habrá guerra”. La estructura debe verse como el andamiaje ordenador de los sistemas homólogos y funcionales que la ocupan. Mantener estas categorías de pensamiento en la actualidad, es suicida. Solo pudieron satisfacer sus propias emociones y sentimientos…o resentimientos. El fin del conflicto sería equivalente al fin de la evolución. No vieron o no quisieron ver su circunstancia y, como son culturalmente débiles, no corrigen sus errores, los proyectan. Puede hacer esto y mucho más, de la noche a la mañana, sin advertencia previa. Una de las principales debilidades de nuestro Sistema de Defensa y del subsistema de Inteligencia derivado, consiste en que no se ha considerado la dimensión actual del “ritmo” y de la “oportunidad”. Ninguno de ellos advirtió que ésta tramposa falacia era también una “carabina de Ambrosio”. Hoy en día el enemigo puede ser anónimo, puede emplear capacidades no convencionales, ataques electromagnéticos o electrónicos contra comunicaciones esenciales y nodos informáticos. Carecemos de capacidad para actuar en tiempo real, como factor decisivo. Quienes en otras latitudes hablan de “Seguridad interior”, tienen asegurada la “Seguridad estratégica” con cables de acero, a través de Tratados de Defensa Común y Seguridad Colectiva y un muy desarrollado planeamiento estratégico combinado. Quienes copiaron mal, omitieron la clave de la partitura. Por ello la exigencia ineludible del C4I2 en las estructuras a desarrollar. Produjeron un exabrupto de gravísimas consecuencias: la inseguridad y la indefensión.

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