Las vecinas manifestantes saben lo que implica un corte de ruta, pero ante tantas puertas cerradas recuperan el impacto de lo que genera una medida tal, aunque no sea masiva, ya sea porque los trabajos persisten a la par del fuego o porque aún falta para recomponer las fuerzas de todos los sectores en lucha para salir a la juntas.
La acción directa es una respuesta de resistencia ante el fuego y sus consecuencias. A unos kilómetros, el fuego sigue activo en Epuyén y Cholila, el pronóstico anuncia temperaturas elevadas, pasan aviones y helicópteros, sobre la RN 40 circulan camionetas con totems, mangueras, bombas de agua y donaciones para las zonas afectadas.
La realidad de los incendios activos trae aparejado el combate, la solidaridad, la angustia y la necesidad de visibilizar la desidia estatal ante el avance del fuego.
Las vecines sostienen la urgencia de denunciar que los fondos destinados a la reconstrucción de sus viviendas nunca llegaron, que pese a reiteradas presentaciones y acciones no encuentran salida ni respuesta alguna a la falta de techo hace un año.
Las vecines conversan y son conscientes de que eso le viene bien a los gobernantes, que les niegan los recursos, como dice un cartel, en el corte de ruta: “¿Y los 70 millones a cada damnificado?”. Se detienen y bajan a abrazar a les manifestantes, se sacan una foto sonriendo entre aplausos. El corte se levanta por unos minutos y siguen su camino. No es fácil cortar una ruta, entre todes se dan fuerzas y tratan de levantar los ánimos. «¡Las tierras quemadas no serán robadas!», cantan les vecines entre bocinazos y aplausos en un corte de ruta.
También conversan de los incendios de Chile en el Bio Bio, de la falta de agua o de turnos para la misma en algunos barrios, traen a la conversación el alerta por los glaciares y la reforma laboral que buscan en febrero, mientras todo se prende fuego.
Detrás de la solidaridad que los medios romantizan hay un aprendizaje colectivo, mezcla de resignación y empoderamiento popular: año tras año se fueron armando cuadrillas de trabajo para el combate del fuego con recursos propios ante una realidad que se repite cada verano. Esto se aplaca un poco cuando se levanta el corte por unos minutos y quienes pasan les aplauden, levantan puños o tocan bocinas en apoyo, de fondo se ven montañas quemadas, un escenario de pérdida y resistencia. Cuando finaliza, hay más aplausos y risas por sus resultados.
Dos vecinas comentan la situación de Cholila, mientras el tránsito retoma su marcha e, incluso, siguen los bocinazos en apoyo. Algunas vecinas se quedan en la banquina aunque apoyan la medida. «¿Siempre nos va a salvar la solidaridad?», se preguntan, mientras le ponen nombres a los responsables políticos del desfinanciamiento, abandono y a la falta de políticas públicas en recursos para el combate del fuego, ni hablar para la reconstrucción de viviendas.
Tampoco se habla de que los cuerpos tienen mucho cansancio, o que el daño ambiental y las pérdidas son proporcionales al daño en la salud mental de quienes habitan la Comarca Andina. A la adrenalina del verano le sigue la crudeza del invierno, y hubo vecinos que la enfrentaron en carpas porque no recibieron ni un peso de los fondos que se anunciaron para ellos.
Se apartan de la ruta para una pequeña asamblea. Hay urgencia de accionar para que no ocurra lo mismo este año. Cuerpos que, además de los incendios, soportan la criminalización estatal como para-estatal, tal como se vio un año antes en la Comisaría 12 de El Bolsón. Además, repudian que el discurso de Ignacio Torres y el gobierno de la Libertad Avanza sea sólo de criminalización a las comunidades Mapuche.
Son muy pocos los indignados que apelan a la libertad de circulación, apurados ya sea para evadir la realidad o por no sentirse parte de quienes defienden la tierra ante una catástrofe como la que está ocurriendo. “Vecino, turista, no sea indiferente, nos prenden fuego en la cara de la gente”, siguen los cantos de les manifestantes, mientras se termina el tiempo acordado para sostener la medida.
Desde que iniciaron los incendios de interfase desde 2021 (Cuesta del ternero en Río Negro y Las Golondrinas en Chubut), en adelante, vienen alertando la falta de mantenimiento en el cableado de electricidad, que constantemente ocasiona incendios de viviendas. Por otra parte, alertaron sobre la problemática de los pinares abandonados – de los que ahora tanto se habla pero que no son una preocupación para el Estados ni sus instituciones -, la desertificación, la sequía y la perdida de los ciclos de vida nativos, que son una realidad para la norpatagonia.
En asamblea se definió un corte intermitente para no afectar el tránsito en el combate del fuego, cerca del mediodía, para que quienes pasaran sepan que el fuego y el alerta siguen, que les damnificades aún buscan respuestas y recursos. Hablan de que en vez de romantizar hay que problematizar y politizar esa solidaridad.
La Asamblea de Vecines afectades de Epuyén en los incendios de 2025, junto a más vecines, organizaciones ambientales y sociales de la Comarca Andina, realizaron la mañana de este sábado 24 de enero un corte intermitente a la altura del puente del Río de La Mina, sobre la Ruta Nacional 40, en la provincia de Chubut.