La depresión es una enfermedad común pero grave que interfiere con la vida diaria, con la capacidad para trabajar, dormir, estudiar, comer y disfrutar de la vida y la misma es causada por una combinación de factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos. Este martes se conmemora el Día Mundial de Lucha contra la Depresión, la cual puede afectar a personas de diversas edades, entre ellas los adolescentes, y los especialistas llaman a escuchar sin prejuicios, a mirar la adolescencia con más empatía y a fortalecer el trabajo conjunto entre familias, escuelas y el sistema de salud porque con apoyo y acceso oportuno a la atención, la recuperación es posible.
A raíz de los cambios propios de la edad, algunos adolescentes atraviesan un malestar profundo y persistente que no es tristeza pasajera ni “cosas de la edad” sino que es depresión y requiere ser abordada con la misma seriedad que cualquier enfermedad. La presión académica, la autoexigencia, la comparación constante en redes sociales, el bullying, los conflictos familiares o las pérdidas afectivas pueden actuar como desencadenantes, por lo cual, la detección temprana es fundamental y la escuela suele ser uno de los primeros espacios donde aparecen las señales, mientras que el trabajo conjunto con la familia aumenta las posibilidades de intervenir a tiempo.
Según indicó la Dra. Valeria El Haj en un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, “la depresión puede afectar entre el 3,4 % y el 5 % de los adolescentes, aunque se estima que la cifra real podría ser mayor”, a la vez que añadió: “Muchos no logran poner en palabras lo que les pasa o no se animan a pedir ayuda por miedo, vergüenza o la idea de que nadie los va a entender.
En la vejez, la depresión continúa siendo una condición frecuentemente subdiagnosticada, en gran parte porque su sintomatología suele presentarse de manera atípica. “En las personas mayores, la depresión muchas veces se expresa a través de síntomas físicos como dolor crónico, fatiga, cambios en el apetito o dificultades para dormir, que suelen interpretarse como parte natural del envejecimiento”, explica Emilce Schenk. Eso retrasa el diagnóstico y prolonga el sufrimiento.
“En la vejez se duelan no solo personas queridas, sino también el cuerpo, la autonomía, los roles sociales y los proyectos. El dolor emocional está presente, aun cuando no se exprese con palabras”, explica la directora médica nacional de Ospedyc. “Para quienes la atraviesan, incluso las tareas más simples pueden sentirse imposibles. Levantarse, concentrarse o hablar con alguien puede vivirse como un esfuerzo enorme”.