El temporal que golpeó con fuerza a Tucumán durante el fin de semana dejó un saldo trágico de tres muertos, barrios anegados, rutas interrumpidas, familias asistidas de urgencia y una sensación amarga que se repite demasiado seguido en el norte argentino: cuando cae el agua con violencia, el Estado vuelve a correr detrás del desastre. La magnitud del episodio obligó a evacuar familias, asistir vecinos atrapados y desplegar operativos de emergencia durante toda la madrugada. En paralelo, Córdoba también sufrió el impacto del mismo frente de tormenta. En la región de Traslasierra, especialmente en Villa Dolores y Las Tapias, la crecida del río Los Sauces obligó a evacuar al menos 26 personas y a rescatar 12 perros, según reportes difundidos por medios locales. Que un menor muera al tocar un poste energizado en una calle convertida en laguna no puede leerse sólo como una fatalidad meteorológica. Vecinos de la zona relataron que ya había advertencias previas sobre riesgo eléctrico en ese sector. La tragedia no terminó allí. Hubo viviendas con más de un metro de agua en su interior, vecinos aislados y cortes preventivos en vados y puentes. El agua avanzó sobre gran parte del territorio tucumano y golpeó con especial dureza al sur provincial. La escena más dolorosa se vivió en Villa Angelina, en la capital tucumana, donde Lisandro, un chico de 12 años, murió electrocutado al tomar contacto con un poste energizado mientras regresaba de jugar a la pelota con amigos en medio del agua acumulada en la calle. Con esas muertes, el temporal pasó de ser una emergencia climática severa a convertirse en una catástrofe humana que volvió a exponer la fragilidad de infraestructura, servicios y prevención en una provincia que cada vez que llueve fuerte parece quedar al borde del colapso. El fenómeno no se limitó a la capital. Es también la expresión más cruda de una vulnerabilidad estructural que reaparece cada vez que la lluvia supera cierto umbral. El temporal pasó, pero dejó algo más que barro, autos varados y rutas cortadas: dejó otra vez la evidencia de que, frente a tormentas cada vez más violentas, demasiadas zonas siguen sin protección suficiente y demasiadas respuestas llegan cuando el daño ya está hecho. Hubo anegamientos en Aguilares, Alpachiri, La Calera y otras localidades; el desborde del río Chirimayo comprometió el puente principal de Alpachiri y dejó totalmente interrumpida la Ruta Nacional 65; además, la Ruta 307 quedó afectada por sedimentos y material arrastrado hacia la calzada. Ambos fueron encontrados dentro de su vehículo en la zona de Nueva Italia, a unos 400 metros de la Ruta 9. En algunos puntos, como Monteros, se reportaron acumulados excepcionales de hasta 260 milímetros en apenas cuatro horas. Horas después, la Policía confirmó el hallazgo sin vida de Mariano Robles, de 28 años, y Solana Albornoz, de 32, una pareja que había sido reportada como desaparecida luego de quedar atrapada por la tormenta cuando regresaba de un casamiento. La dimensión regional del temporal confirma que no se trató de un episodio aislado, sino de un sistema severo que afectó con fuerza a distintas provincias del centro y norte del país. En Tucumán, la conmoción por la muerte del niño electrocutado volvió a poner bajo la lupa un problema tan viejo como intolerable: la combinación letal de inundaciones urbanas, instalaciones eléctricas expuestas y prevención insuficiente. Eran padres de dos niños pequeños.
Inundaciones en Argentina: tres muertos y preguntas al Estado
Fuertes inundaciones en la provincia de Tucumán causaron tres muertes, incluyendo la de un niño de 12 años, y volvieron a poner en evidencia la fragilidad de la infraestructura y la prevención insuficiente de desastres naturales en Argentina.