El aumento de la deuda de los hogares argentinos comenzó a mostrar una señal cada vez más difícil de ocultar: la mora en el universo de las billeteras virtuales, fintechs y financieras no bancarias se disparó a principios de 2026 y ya se sitúa en torno al 25%, con estimaciones privadas que incluso la ubican por encima de ese nivel. El dato es especialmente sensible porque, según esa misma lectura, el 100% de los principales 25 bancos registró un aumento de la mora familiar, lo que refuerza la idea de que no se trata de desajustes puntuales sino de un fenómeno macroeconómico más amplio. El trasfondo del problema está muy ligado al costo del crédito. Un informe destacó que entre 2019 y mediados de 2025 las tasas nominales de los préstamos personales de entidades no financieras fueron, en promedio, un 90% más altas que las de las entidades financieras. Dicho informe también advierte que la mora en los préstamos a hogares dentro del sistema financiero regulado subió por decimoquinto mes consecutivo y pasó del 9,3% en diciembre al 10,6% en enero, marcando un máximo en más de dos décadas. Aun así, el deterioro continuó avanzando y comenzó a ser señalado también por Moody's, que advirtió que la calidad de los activos se consolidó como el principal desafío para los bancos argentinos, con una morosidad en aumento al menos a corto plazo antes de una eventual estabilización hacia mediados de 2026. La señal de fondo es inquietante. El deterioro no aparece como un problema aislado de una o dos compañías, sino como un fenómeno extendido que atraviesa buena parte del crédito alternativo y que, además, empieza a convivir con un empeoramiento sostenido también dentro del sistema bancario tradicional. Según una encuesta de EcoGo, la mora en las carteras de crédito no bancario llegó al 23,9% en enero de 2026. El propio BCRA había informado en su último informe disponible que la mora del crédito al sector privado venía aumentando y que la mora de los hogares se había elevado en los últimos meses de 2025, al tiempo que el sistema seguía mostrando resiliencia por niveles todavía altos de capital y provisiones. Los analistas de 1816 vinculan el empeoramiento de la mora y la desaceleración del crédito privado con el nuevo régimen monetario instalado desde mediados de 2025, tras el fin de las LEFI y la eliminación del corredor de tasas. Según sus cálculos, la mora en esos préstamos superó el 27% en enero, un nivel que no se veía desde episodios de fuerte estrés macroeconómico como en 2019 y 2020. El mismo informe mostró un deterioro fuerte en la calidad de la cartera: la porción de préstamos en situación normal o de bajo riesgo cayó del 92,1% en diciembre de 2024 al 76,1% en enero de este año, mientras que los créditos clasificados como «irrecuperables» escalaron del 2,7% al 8% en ese mismo período. Y a pesar de la baja de la inflación, el peso de las cuotas siguió siendo asfixiante: para febrero de 2026, la tasa efectiva anual real de los préstamos personales en entidades financieras rondaba el 39,7%, mientras que en las no financieras podía llegar hasta el 149,1%, según esa estimación. El trabajo también calculó que el crédito no bancario ya representa el 13,3% del financiamiento total del sistema y el 17,1% del crédito al consumo, con un stock de 13,84 billones de pesos. La consultora 1816 dibuja un cuadro aún más severo para el segmento no bancario enfocado en familias. Según su lectura, desde entonces las tasas a corto plazo empezaron a moverse con brusquedad, obligando a bancos, financieras y prestamistas alternativos a tomar decisiones en un clima de incertidumbre mucho más marcado. Esa inestabilidad, sumada al endurecimiento de las condiciones para refinanciar deudas, habría agravado aún más la fragilidad de muchas carteras. El problema ya no queda encapsulado en el segmento fintech. El crédito volvió a crecer, pero una parte de ese crecimiento se hizo a tasas muy elevadas, sobre hogares con ingresos todavía frágiles y en un contexto de desinflación que, paradójicamente, también complica a quienes tomaron préstamos a tasa fija y ahora sienten con más crudeza el peso real de las cuotas. En el mundo no bancario, donde el acceso suele ser más rápido pero mucho más caro, esa tensión ya se transformó en mora masiva. En otras palabras, una parte creciente de los hogares quedó atrapada en un esquema donde refinanciarse o tomar deuda por fuera de los bancos implicó hacerlo a un costo extraordinariamente alto. A esa presión se sumó otro ingrediente: la volatilidad del dinero. Y en la banca tradicional, aunque con números menores, la tendencia también dejó de ser un episodio aislado para convertirse en un llamado de atención de alcance sistémico.
Aumento de la deuda de los hogares en Argentina conduce a mora récord
En Argentina, la mora de los préstamos a hogares ha alcanzado niveles críticos. En el sector no bancario superó el 25%, y en el sistema bancario tradicional alcanzó el 10,6%, un máximo en dos décadas. Los analistas lo vinculan con los altos costos de crédito y una nueva política monetaria.