En enero, la demanda de dólares de los hogares volvió a acelerarse y dejó una señal clara sobre el humor financiero de la calle: los argentinos compraron US$2.730 millones netos en el mes, con 1,6 millones de personas humanas operando en el mercado oficial habilitado para atesoramiento y pagos. El rojo fue 29% menor al de enero del año anterior, pero persiste el mensaje de fondo: aun con una cuenta de bienes superavitaria en US$2.014 millones—casi cinco veces más que en enero de 2025—, el conjunto de operaciones externas sigue mostrando que el país consume más dólares de los que genera cuando se suman servicios, intereses y otros movimientos. Para el equipo económico, la lectura es doble. El alivio relativo sugiere que, pese a que el turismo sigue drenando divisas, el efecto fue algo menos pesado que un año atrás, cuando el atraso cambiario y la brecha de incentivos habían empujado más fuerte los gastos externos. En el frente financiero, el informe muestra un superávit de la cuenta financiera de US$3.147 millones, explicado por aportes positivos del sector financiero, otros movimientos netos y el conjunto Gobierno nacional–BCRA, con saldos a favor de US$1.668 millones, US$1.363 millones y US$584 millones, respectivamente. En el mismo sentido, parte de los egresos de divisas se destinan a cancelación de pasivos con el exterior, como deuda comercial o financiera, utilidades y dividendos. El vínculo con el turismo aparece, sin rodeos, al mirar la cuenta de servicios: en enero registró un déficit de US$946 millones. Y dentro de ese rojo, el BCRA detalla que el 87% se explicó por egresos netos asociados a consumos con tarjeta, viajes y pasajes (excluyendo servicios digitales), por US$829 millones. Si se mira exclusivamente la cuenta de billetes, el acumulado baja a US$29.005 millones, y desciende a US$24.917 millones si se computa que, en el mismo período, hubo ventas por US$4.088 millones (de los cuales US$410 millones se registraron en enero). La foto del mes combina motivos bien concretos. Por un lado, vacaciones y gastos en el exterior, que empujan el uso de tarjetas y el pago de servicios vinculados a viajes. Por otro, un tipo de cambio minorista que mostró una leve corrección a la baja hacia el cierre del mes: el dólar al público terminó enero en torno a $1.465, luego de haber tocado un máximo cercano a $1.495 en los primeros días del año. En un mercado donde muchos deciden por pequeñas variaciones, esa baja operó como estímulo: “si afloja un poco, compro”, una lógica simple que se repite en miles de hogares. Del total demandado, US$2.613 millones correspondieron a compras brutas de personas humanas y US$2.203 millones a compras netas, según el detalle oficial. En otras palabras: una parte del “dólar que se compra” termina siendo el puente para pagar consumos afuera —o consumos locales facturados por proveedores no residentes—, un fenómeno que suele intensificarse en verano. Aun así, el déficit de servicios resultó 20% menor al de enero de 2025, cuando había sido de US$1.187 millones y los egresos netos de personas humanas rondaron US$917 millones. Dentro del sector financiero, el superávit se apoyó principalmente en una reducción de la tenencia de activos en moneda extranjera de las entidades por US$1.742 millones, un movimiento que suele leerse como reacomodamiento de carteras y liquidez en un entorno de regulaciones y cambios de rendimientos. Pero el dato que vuelve a encender luces amarillas está en la “cuenta corriente”, que refleja el movimiento total de divisas del país: cerró enero con déficit por cuarto mes consecutivo, esta vez por US$919 millones. Para el ciudadano de a pie, en cambio, el mensaje suele ser más emocional que contable: el dólar vuelve a ser refugio, y cada mes de demanda fuerte reaviva la pregunta de siempre sobre cuánto aguanta el equilibrio externo. Estos resultados compensaron parcialmente salidas del sector privado no financiero por US$469 millones. La mejora del superávit comercial ayuda y ordena, pero no alcanza para neutralizar la presión estacional del turismo y la demanda minorista de divisas, especialmente cuando la economía intenta normalizar pagos y recomponer cadenas de importación. La explicación técnica que aporta el BCRA es clave para interpretar el dato sin sobreactuarlo: una parte de esos billetes queda depositada en cuentas locales y luego se usa para cancelar consumos en moneda extranjera, por lo que no todo equivale a formación de activos externos “puros”. La cifra queda por debajo de los picos de la etapa preelectoral de meses anteriores, pero se mantiene en niveles altos: es comparable a octubre y no queda lejos del máximo de compradores visto en septiembre, cuando la dolarización de carteras había escalado por la combinación de incertidumbre política y cobertura patrimonial. Desde la flexibilización parcial del acceso al mercado para personas —mientras se mantiene el cepo para empresas—, la demanda acumulada ya suma alrededor de US$35.600 millones, con un promedio mensual cercano a US$3.560 millones.
La demanda de dólares en Argentina llega a US$2.730 millones en enero
En enero, los argentinos aumentaron la compra de dólares a pesar de una reducción del déficit en la cuenta de servicios. Sin embargo, la cuenta corriente del país siguió en déficit por cuarto mes consecutivo, generando preocupación por la estabilidad externa. Expertos lo vinculan a la presión estacional del turismo y la demanda minorista.