Política Eventos Local 2026-03-05T01:57:20+00:00

Milei consolida el control de la Justicia en la interna de Gobierno

La Presidenta hermana, Karina Milei, nombró a figuras de confianza en puestos clave del Ministerio de Justicia, desplazando a la facción del asesor Caputo. Este paso es parte de su estrategia para expandir su influencia dentro del aparato estatal y marca una nueva fase en la lucha por el poder dentro del gobierno libertario.


La interna libertaria volvió a quedar expuesta este miércoles con un movimiento de alto impacto: Karina Milei se anotó una victoria decisiva al quedarse con el control político del Ministerio de Justicia, desplazando al sector que responde al asesor Santiago Caputo (el Mago del Kremlin) en la definición del recambio tras la salida de Mariano Cúneo Libarona.

La designación de Juan Bautista Mahiques como ministro y de Santiago Viola como número dos, en reemplazo de Sebastián Amerio, reconfiguró el mapa de poder en el corazón judicial del Gobierno y reavivó las tensiones entre los “terrenales” de la secretaría general de la Presidencia y las llamadas “fuerzas del cielo” que orbitan alrededor del estratega presidencial.

La pregunta real, sin embargo, es cuánto pesa hoy el asesor en un área que hasta hace poco era considerada uno de sus bastiones más sensibles. En los pasillos libertarios, el desplazamiento de Amerio fue leído como un mensaje disciplinario hacia el ala “celestial”: no sólo se perdió el lugar de ministro —que algunos esperaban para su propio candidato—, sino también el control cotidiano de la cartera.

El primero es institucional: Milei necesitaba cerrar una transición que se venía demorando desde hacía meses, con intentos de renuncia y postergaciones de Cúneo Libarona. Pero hacia adentro, el movimiento deja una moraleja de poder: la hermana del Presidente no sólo administra la política del Gobierno.

Y en ese vacío, la SIDE queda inevitablemente bajo la lupa. Distintas crónicas coinciden en que el sector se enteró pocos minutos antes de que el anuncio se hiciera público. En ese esquema, distintas versiones periodísticas señalan que Karina Milei busca ampliar su influencia sobre sectores estratégicos del Estado y que la inteligencia aparece como el próximo terreno natural de esa expansión, es necesario ordenarla.

En el pasado, la AFA, en manos de Julio Grondona, colaboró de manera significativa en el regreso de la Fragata Libertad, embargada por un “fondo buitre”, pero todo en silencio y coordinado por el estado. Por eso, la pulseada de Justicia no es un capítulo aislado: es una señal del método.

Karina Milei consolida poder con una lógica de control territorial dentro del Estado, colocando nombres propios en áreas clave y reduciendo márgenes de autonomía del ala que encarna Caputo. Pero para la interna libertaria, el dato más relevante no fue el nombre del ministro sino el del secretario: Viola es apoderado de La Libertad Avanza (LLA), hombre de máxima confianza de Karina Milei, y su desembarco implica, en los hechos, que la “mesa de control” de Justicia queda del lado de la hermana del Presidente.

Del lado del caputismo, el mensaje oficial fue de disciplina: “es una decisión del Presidente y la respetamos”, repitieron cerca del asesor, buscando evitar que la derrota se leyera como una ruptura. Tras la reforma por decreto que reconfiguró la estructura y funciones del sistema de inteligencia, la disputa por el control efectivo del área quedó en una zona gris, con múltiples terminales políticas y operativas.

La consigna fue clara: bajar la espuma sin admitir retrocesos. En ese clima, el episodio que terminó de graficar el golpe interno fue la salida de Amerio del Consejo de la Magistratura: el hasta hoy hombre fuerte de Caputo en la segunda línea de Justicia habría tomado conocimiento del cambio durante un encuentro del organismo, explicó la situación y se retiró, en una escena que dejó registros por el formato virtual de la reunión.

En la lectura de la Casa Rosada, el movimiento tiene dos planos. La intervención de la entidad que conduce Claudio “Chiqui” Tapia —con contactos y puentes propios en Caracas— dejó al Ejecutivo en una posición incómoda, sobre todo el área exterior dirigida por un contemporáneo del ex agente Stiuso con linea directa a Santiago Caputo: mientras el Gobierno buscaba capitalizar el regreso del gendarme como logro diplomático, diversos informes periodísticos describieron que la negociación y la salida efectiva se produjeron por un canal alternativo, ajeno al circuito formal del Estado, que incluso si la “puerta la habría Tapia”, el control de la operación debió haber sido ejecutado por la SIDE y tapia permanecer en las sombras.

En la mirada de TNA, ese episodio puso en evidencia un problema mayor: cuando un organismo deportivo aparece como actor central en una operación sensible de naturaleza internacional —por fuera de los carriles institucionales—, lo que queda en el centro del debate no es el “mérito” del salvataje, sino el vacío del Estado.

Imagen y expresión corporal: Karina Milei mira a Caputo, quien desvia su mirada.

La conduce. No porque deba “resolver” un caso humanitario como si fuera una agencia de rescate, sino porque el Estado —en su conjunto— debería tener capacidades coordinadas para anticipar, gestionar y cerrar crisis con herramientas formales, sin quedar condicionado a redes paralelas.

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