Con bajo perfil público, actividad parcial en el sector privado y vínculos que no se cortaron con el núcleo libertario, el exministro coordinante tantea un regreso a la primera línea política mientras la interna oficialista continúa reordenándose alrededor del “triángulo de hierro” y la figura creciente del asesor Santiago Caputo. Desde su salida, Franco evitó una exposición sostenida, limitó sus intervenciones en redes y se mostró selectivo con apariciones mediáticas. Para sus detractores, su ciclo se cerró con la derrota interna frente al asesor presidencial y el armado de la Secretaría General. Mientras tanto, el oficialismo busca sostener gobernabilidad con reformas económicas y legislativas que requieren votos y disciplina interna. Antes de su salida, Franco había quedado como el articulador clásico con el sistema político y el interlocutor con mandatarios provinciales. En el oficialismo se explica como ordenamiento de políticas de largo plazo; en la trastienda, aliados y detractores discuten si el rearmado responde a eficiencia o a acumulación de poder. Ex policía, construyó poder en la intimidad del peronismo a partir de redes de lealtad, manejo de resortes del Estado, en especial en la inteligencia y Policía Federal y una capacidad notable para condicionar decisiones sin necesidad de ocupar siempre el centro formal del escenario. Ese rol, aseguran en su círculo, quedó desdibujado con el nuevo esquema, en el que el jefe de Gabinete concentra funciones de coordinación pero el “control político” —según interpretaciones que circulan en el oficialismo— descansa en un doble anillo: primero el armado partidario de Karina Milei y luego el dispositivo estratégico de Santiago Caputo. En esa tensión, la figura de Franco aparece como un actor a la espera de una ventana. En el universo libertario y sus aliados persiste la discusión sobre quién administra la relación con gobernadores, el Congreso y los sectores económicos. En ese escenario, la reaparición de Franco no depende solo de su voluntad, sino de si el Gobierno necesita reequilibrar el tablero con un negociador clásico o si consolida el mando concentrado en el círculo más estrecho. Tras la caída del gobierno de Isabel Perón en 1976, se exilió, fue detenido años después y murió en prisión mientras afrontaba procesos judiciales. Quienes conversan con Franco sostienen que sigue de cerca el pulso del Gobierno, celebra algunos avances legislativos y, al mismo tiempo, acumula reparos sobre el esquema de toma de decisiones que se consolidó tras su salida. Mantenía un fuerte poder sobre medios de comunicación. Su nombre quedó asociado, sobre todo, a la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), un aparato parapolicial señalado por ejecutar una campaña de persecución y asesinatos políticos en los años 70 contra militantes de izquierda, sindicalistas combativos, intelectuales, periodistas y opositores. Sus colaboradores rechazan que busque un destino diplomático o un retiro fuera del país y deslizan que ya retomó contactos en la provincia de Buenos Aires, donde la batalla de poder oficialista se proyecta hacia 2027. En paralelo, el exfuncionario hizo saber a su círculo que reparte su tiempo con actividades privadas, entre ellas su participación empresaria en Ovo Prime, dedicada a la producción de huevos en el interior bonaerense, un repliegue que combina prudencia política con sostén económico propio. El silencio no implica desentendimiento. En ese mismo mapa, el entorno de Franco menciona desplazamientos y reacomodamientos en organismos y empresas públicas que, a su juicio, dejaron a figuras vinculadas a su gestión sin margen en la estructura de decisiones. La interna, además, no se limita a la disputa Caputo–Karina Milei. Aun así, mantuvo contactos con el Presidente y no rompió del todo su presencia institucional: continuó vinculado al directorio de YPF, aunque con cambios en su rol luego de que Manuel Adorni —ya como jefe de Gabinete— asumiera la representación estatal con la “acción de oro” y poder de veto dentro de la petrolera. Para el oficialismo, la reforma se justifica en términos de modernización y coordinación; para críticos, concentra herramientas sensibles en un contexto político inflamable. En paralelo, el área nuclear se convirtió en otro capítulo del avance caputista. Para los leales a Franco, el exjefe de Gabinete aún conserva activos: el conocimiento del Estado, el vínculo personal con Milei y la lectura de la rosca parlamentaria. Allí conviven armados libertarios con figuras provenientes del PRO y con operadores del mileísmo territorial. José López Rega (1916–1989) fue un ex cabo de la Policía Federal, que Perón nombró Comisario General y se transformó en operador, conocido por haber sido ministro de Bienestar Social durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón y por su enorme influencia sobre María Estela Martínez de Perón (“Isabel”). La creación de la Secretaría de Asuntos Nucleares y la designación de Federico Ramos Nápoli fueron leídas, en distintos despachos, como un nuevo mojón del control sobre sectores estratégicos. Buenos Aires-17 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA-Ya pasaron poco más de tres meses desde que Guillermo Franco dejó la Jefatura de Gabinete tras presentar su renuncia ante el presidente Javier Milei y abandonar la vida cotidiana del poder en Casa Rosada, pero en su entorno aseguran que el dirigente no se asume retirado. La comparación con López Rega, repetida por allegados al exjefe de Gabinete como síntesis política del miedo y la obediencia, expone el dato central: más que un conflicto personal, lo que se discute es el modelo de poder en la era Milei y quién pone —o quita— los nombres en la mesa chica. En esa caracterización, el argumento central no es un cargo formal sino el temor que, afirman, despierta el asesor en áreas sensibles del Estado: “maneja mucho” y “los demás le tienen miedo”, repiten en voz baja quienes integraron el dispositivo político del exministro. La comparación, utilizada en círculos políticos como metáfora de un “monje negro” con capacidad de condicionar carreras internas, se potencia con una sucesión de movimientos que atribuyen a Caputo. En ese marco, cerca del exjefe de Gabinete instaló una definición explosiva: describen a Santiago Caputo como “un López Rega” moderno, una comparación cargada de sentido histórico que busca graficar —según esa mirada— un poder informal, transversal y ejercido desde las sombras. Por ese rol, fue imputado en causas por crímenes de lesa humanidad. Tras la salida de Franco, el asesor reforzó su gravitación en el universo de la inteligencia y la seguridad del Estado: el DNU 941/2025, publicado a comienzos de enero, reconfiguró aspectos centrales del sistema de inteligencia y reavivó cuestionamientos opositores sobre el alcance de facultades y el nuevo organigrama.
Exministro argentino insinúa un regreso político
El exjefe de Gabinete argentino Guillermo Franco, tras dejar su cargo, mantiene un perfil público bajo, pero su círculo insinúa un posible regreso a la primera línea política. El artículo analiza la lucha interna dentro del oficialismo, el papel del asesor presidencial Santiago Caputo y traza paralelismos históricos con la situación actual.