La anosmia es la pérdida de olfato y puede manifestarse de manera súbita y abrupta, mientras que, con frecuencia, el cuadro es una hiposmia, que es una disminución del olfato que va aumentando lenta y progresiva hasta llegar muchas veces a la anosmia propiamente dicha. No es un síntoma menor ni necesariamente pasajero: la pérdida del olfato tiene un fuerte impacto en la calidad de vida, ya que, da el 80% del sabor y esto compromete el estado nutricional; también puede ocurrir que las personas afectadas comiencen a aislarse y a desarrollar cuadros de depresión, por lo que ante estas señales debe realizarse una consulta médica oportuna, según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas. En el marco del Día Mundial de Concientización sobre la Anosmia, se indicó que, aunque suele pasar desapercibida frente a otras discapacidades sensoriales, la anosmia tiene una prevalencia significativa. Muchas personas pierden el olfato de manera progresiva y se acostumbran a vivir así, sin buscar ayuda médica. Algunas personas llegan a sentirse desconectadas del mundo porque pierden vínculos sensoriales con su entorno; no pueden percibir su propio olor corporal o el perfume de un ser querido; comen sin disfrutar y/o no captan el aroma de la comida al ingresar a la cocina; lo que puede ser grave, algunos no detectan alimentos en mal estado, una hornalla mal cerrada, una fuga de gas o un incendio”, explicó la Dra. Stella Maris Cuevas, médica otorrinolaringóloga y alergista, experta en olfato, expresidente de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires (AOCBA). Con un diagnóstico adecuado y tratamiento pueden mejorar significativamente”, sostuvo la Dra. Cuevas. Las causas de la anosmia La anosmia puede ser causada por infecciones virales—como resfrío, gripe o coronavirus—; por un traumatismo cráneo-encefálico con o sin pérdida de conocimiento; por exposición a sustancias tóxicas; por enfermedades crónicas como la rinosinusitis crónica con pólipos nasales (conocida como poliposis nasal), neurodegenerativas -como el Parkinson o el Alzheimer-, por envejecimiento (sobre todo a partir de los 60 años) o ante la presencia de determinados tumores. Sin embargo, una de las principales causas es la poliposis nasal, una condición en la que se presentan pólipos benignos que obstruyen las vías respiratorias superiores, lo que bloquea físicamente la entrada de olores y también produce congestión, secreción nasal y pérdida progresiva del olfato. “Muchos pacientes con poliposis nasal conviven años con síntomas como la nariz tapada y la pérdida del olfato sin consultar, pensando que es normal, pero no lo es. La experta en olfato describió: “Existen formas de abordar esta problemática; lo esencial es consultar a tiempo. Una pérdida de olfato no debe tomarse a la ligera, sobre todo si persiste por más de dos semanas. Sin embargo, especialistas coinciden en que estas cifras probablemente no reflejen adecuadamente la realidad. “El subdiagnóstico es sumamente elevado. Estamos ante una discapacidad invisible. La pandemia por COVID-19 —cuyo virus provocó alteraciones olfativas en la mayoría de los casos sintomáticos— visibilizó temporalmente esta condición, pero, una vez superada la fase aguda, en muchos pacientes las secuelas persistieron. “En los últimos años, recibimos un aumento notable de consultas por pérdida del olfato, en su mayoría transitorio, pero en otros casos se volvió crónico, generando un impacto psicológico considerable. Hay que consultar con un otorrinolaringólogo, quien realizará un exhaustivo interrogatorio y luego de la inspección (endoscopía nasal) seguramente indicará el pedido de imágenes como una tomografía o resonancia, para lograr de esta manera llegar a un diagnóstico y luego poder realizar el tratamiento adecuado”. A nivel preventivo, se recomienda una buena higiene nasal, evitar el consumo de tabaco y sustancias tóxicas, vacunarse contra enfermedades respiratorias y usar protección en ambientes contaminados, además de no subestimar síntomas como la congestión nasal persistente o la alteración del sabor, ya que este último suele verse afectado por la pérdida del olfato.
Anosmia: la pérdida del olfato y su impacto en la calidad de vida
La anosmia es la pérdida del olfato, que puede ser súbita o desarrollarse gradualmente. Impacta significativamente la calidad de vida, el estado nutricional y la salud mental. Los expertos enfatizan la importancia del diagnóstico y tratamiento oportunos, ya que esta condición a menudo se subestima.