Durante millones de años de evolución humana, el contacto cotidiano con microorganismos fue una constante: en los alimentos, en el entorno natural y en la relación directa con animales y otras personas. Sin embargo, los cambios en el estilo de vida moderno redujeron drásticamente nuestra exposición a microbios beneficiosos. La urbanización, el uso temprano y/o excesivo de antibióticos y antisépticos, el incremento de partos por cesárea, una lactancia limitada y una dieta basada en alimentos ultraprocesados contribuyó a empobrecer la diversidad de la microbiota intestinal, según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas. Una creciente evidencia científica respalda la idea de que una alimentación rica en microorganismos vivos puede contribuir a una mejor salud general. Un estudio publicado en Nutrients halló que un mayor consumo de microbios vivos se asoció con una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares, mientras que otro trabajo, publicado en mSystems, observó que las personas que consumen alimentos fermentados como yogur, kimchi, kefir, kombucha o chucrut presentan una microbiota intestinal más diversa, lo que se traduce en una mejor función inmunitaria y metabólica. "Consumimos cada vez menos microbios, y eso repercute en la diversidad de nuestra microbiota intestinal, con consecuencias en el desarrollo inmunitario y metabólico", explicó Gabriel Vinderola, doctor en Química, investigador principal del Instituto de Lactología Industrial (CONICET-UNL) y docente de la Universidad Nacional del Litoral. "En este sentido, el yogur natural se posiciona como un alimento clave: por su accesibilidad, aceptación cultural, matriz alimentaria versátil y buena densidad nutricional, es una de las formas más efectivas y seguras de incorporar microbios vivos a la alimentación diaria", insistió. El yogur tiene gran perfil nutricional. El yogur se elabora mediante la fermentación de leche con bacterias vivas, principalmente Lactobacillus delbrueckii, subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Tal como se discutió en el Simposio organizado por PROFENI y la Universidad Nacional del Litoral, en el marco del encuentro científico Microbiota Buenos Aires 2025, la necesidad de reintegrar microorganismos vivos en la dieta cotidiana es urgente y está respaldada por evidencia robusta. "Debemos dejar de ver a todos los microbios como amenazas; la mayoría de ellos son nuestros aliados", aseguró Noelia Rodrigues Cambao, médica especialista en Medicina Familiar y Psiquiatría. El impacto positivo de los microbios vivos no se limita al aparato digestivo. Estudios recientes indican efectos beneficiosos en la salud mental (a través del eje intestino-cerebro), la modulación del sistema inmune, la prevención de enfermedades respiratorias y de la piel, y la reducción de marcadores inflamatorios sistémicos. "Estamos redescubriendo que una parte significativa de la salud depende de mantener un diálogo constante con los microbios que nos rodean y que ingerimos; no se trata solo de lo que evitamos comer, sino de lo que decidimos incorporar: los alimentos fermentados son parte de esa elección activa por una salud más robusta", señaló la Dra. González. "La microbiota se comporta como un órgano más del cuerpo humano: su alimentación, mantenimiento y diversidad son esenciales desde los primeros años de vida, cuando se forman los cimientos del sistema inmunológico y metabólico", aseguró la Dra. González. "En nuestro país, el yogur es el fermentado más integrado culturalmente y el más aceptado en niños", sostuvo el Dr. Vinderola, quien además es integrante de PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil), un grupo de trabajo que nuclea a destacados especialistas abocados al estudio de la problemática de la nutrición infantil. En términos de frecuencia, los especialistas recomiendan incorporar alimentos fermentados de forma diaria o al menos entre 3 y 5 veces por semana. Una investigación publicada en PeerJ estimó que las dietas occidentales actuales aportan una cantidad considerablemente baja de microbios vivos en comparación con dietas tradicionales más basadas en fermentados naturales. "El yogur es un producto de un elevado perfil nutricional por su aporte de calcio, proteínas y vitaminas, pero además agrega microorganismos vivos y, algunos, incluso determinados probióticos", afirmó el Dr. Omar Tabacco, médico pediatra gastroenterólogo y ex presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría. "Es absolutamente seguro, ya que se produce con leche doblemente pasteurizada y no representa ningún riesgo bacteriológico, ni siquiera si se interrumpe por algunas horas su cadena de frío estando el envase cerrado", agregó. Los alimentos fermentados son una fuente accesible de microorganismos beneficiosos y constituyen una vía para reconectar con la naturaleza microbiana que hemos perdido", destacó por su parte la Dra. González. Frente a una preocupante cifra global de desperdicio alimentario que supera el 30% de los productos elaborados, los especialistas proponen una discusión que gana cada vez más adeptos en el ámbito científico y político: reemplazar la fecha de vencimiento estricta por una fecha de consumo preferente en alimentos fermentados estables, como el yogur, para reducir el descarte innecesario y optimizar recursos. El concepto de ‘dosis diaria de microorganismos vivos’ está ganando terreno en la investigación nutricional, y su promoción podría convertirse en una estrategia de salud pública. Algunos productos también incluyen cepas probióticas adicionales, cepas específicas de las especies Lactobacillus casei o Bifidobacterium lactis, que demostraron efectos positivos en la salud digestiva, la regulación inmunitaria y el control del colesterol, entre otros. "Alimentarlos, protegerlos e incorporarlos mediante la dieta es una de las formas más simples y efectivas de cuidar nuestra salud", concluyó el Dr. Tabacco.
El yogur: clave para una microbiota intestinal saludable
Noticia sobre los beneficios del yogur para la salud intestinal y la inmunidad. Los científicos enfatizan que en el mundo moderno consumimos muy pocos microorganismos beneficiosos, y la inclusión regular de alimentos fermentados como el yogur en la dieta ayuda a restaurar y mantener la diversidad de la microbiota intestinal, lo que tiene un impacto positivo en la salud general.