En el barrio de Nueva Pompeya, a las diez de la mañana, van apareciendo las telas, la plancha y una pila de remeras que serán estampadas con el retrato de Norma Plá. La Colectiva La Picante es un espacio chiquito y emergente de exploración gráfica que utiliza el arte para ensayar acciones en la esfera pública. Su propósito es fortalecer vínculos en clave horizontal y tejer redes para unificar las luchas. Ahora encaran una nueva aventura: organizar una rifa solidaria para los arreglos del techo del comedor comunitario. La iniciativa activó una gran cadena de solidaridad; fotógrafos, imprenteros y proyectos amigos donaron obras para armar los premios. La invitación es clara: vengan a la plaza los miércoles, la picanteamos juntos. Quienes quieran colaborar pueden comprar números de la rifa: 1 número: $3000, 2 números: $5000. También les gusta pensar que la remera funciona como una invitación al acercamiento. En las imágenes hay huellas y supervivencias, escenas que se repiten y se reinventan. Circulan por la plaza, por la provincia e incluso llegaron a otros países. El crecimiento llevó a repensar técnicas, aunque quieren conservar el carácter artesanal: cada remera se lava, plancha, estampa, etiqueta a mano y guarda perfumada. Es mover el cuerpo y la palabra con humor, chispa y coraje; abrir un margen de juego incluso en escenarios hostiles. No se trata de lo material, sino de demostrar aguante: la remera llega a quien sea, sin importar cuánta guita tenga en el bolsillo. Una de las picantes es la compañera Olguita, quien sostiene con amor el comedor comunitario “La Kasa del Pueblo”. Esa chispa irreverente es la que inspira a la colectiva. En la plaza, cuando aparece otr@ “picante”, se activa una sonrisa, una conversación, un baile: se arma una red. La colectiva toma ese significante y lo invierte: el picante ya no es el gas pimienta; el picante está de su lado. Picantear, entonces, es un verbo, una acción viva. Es proyectar colectivamente, explorar nuevas imaginaciones políticas. Cuando el Estado abandona y ofrece solo violencia, la respuesta es comunidad. Cada persona que compra una remera financia otra para un jubilado o jubilada. Ir por la plaza regalando remeras es una forma de interrumpir la agenda que reparte palos y gases. No podría haber mejor escenario para estampar remeras con una imagen tan emblemática como la de Norma Plá. Un gesto contundente: acá nos plantamos, nadie se da por vencido. La rueda solidaria es la que sostiene el proyecto, permitiendo que quienes no pueden acercarse a la plaza encuentren una forma de acompañar. La apuesta de la colectiva es construir una postura crítica frente a las imágenes hegemónicas que presentan a los jubilados como “pobres viejos”, en detrimento de su potencia como sujetos políticos combativos. A través de remeras, afiches y un foto libro en proceso, proponen mostrar otra escena: la de los gestos mínimos y potentes, los abrazos, las risas y la creatividad desplegada para enfrentar a las fuerzas de seguridad. Una plaza que se expande hacia lo doméstico y fortalece redes de cuidado. El sentido político de la iniciativa es disputar la imagen que construyen los medios hegemónicos sobre la lucha de los jubilados. En el gesto de Norma Plá con los brazos en alto encuentran una forma de escribir en plural. La estampa incorpora además un guiño: la frase “jubilados picantes” y Norma lleva un chile en su remera. Se trata de poner en circulación otras imágenes, otras palabras, y activar una memoria colectiva de luchas que nos precede. “Después de tanto gas quedé picante”. La lógica es simple y circular: el precio de la remera cubre exclusivamente el costo de producción de dos prendas. La producción se realiza de manera artesanal y colectiva, sin espíritu de emprendimiento, porque cada jornada compartida es también un espacio de encuentro donde trabajan, se ríen y bailan cumbia.
La Colectiva La Picante sortea techo para comedor comunitario
En Buenos Aires, la colectiva gráfica 'La Picante' usa el arte y la activismo social para apoyar a los jubilados. Lanzan una rifa para recaudar fondos para reparar el techo del comedor comunitario 'La Kasa del Pueblo'. El proyecto no solo aborda necesidades prácticas, sino que también construye redes de solidaridad, desafía los relatos mediáticos y fortalece la comunidad a través de símbolos como las remeras con la activista Norma Plá.