Política Salud Local 2026-01-31T16:27:32+00:00

Escándalo policial en Ayacucho expone problemas estructurales

Un escándalo policial en Ayacucho ha revelado una tendencia preocupante: casi el 40% de la policía de la Provincia de Buenos Aires está en licencia médica por alcoholismo y consumo de drogas. El incidente en el hotel es solo la punta del iceberg de una crisis en las fuerzas de seguridad.


La investigación administrativa avanza, pero el trasfondo —consumos problemáticos, licencias médicas masivas y controles laxos— amenaza con convertir un episodio grotesco en la punta visible de un problema mucho más profundo.

Fuentes consultadas indican que el caso no sería aislado y lo vinculan con un problema estructural que atraviesan las fuerzas de seguridad bonaerenses. En ese contexto, el episodio de Ayacucho vuelve a poner bajo la lupa un número que circula desde hace tiempo en ámbitos reservados y que ahora cobra renovada relevancia: cerca del 40% de la policía que depende del gobierno de Axel Kicillof se encontraría actualmente con carpeta médica, en muchos casos asociada a cuadros de alcoholismo y consumo de drogas, según fuentes del propio sistema de seguridad provincial.

El punto más delicado llegó cuando una de las mujeres intentó abandonar el lugar en medio del operativo. Un porcentaje que, de confirmarse oficialmente, describe una crisis silenciosa mucho más grave que un escándalo de hotel.

Mientras tanto, en la Policía de Buenos Aires el episodio circula como tema obligado en charlas internas y radios policiales "encriptadamente", con una mezcla de ironía.

La problema surgió cuando la velada avanzó y el escenario se trasladó a un hotel transitorio, donde el tono festivo derivó en discusiones, insultos y violencia física.

Ayacucho, provincia de Buenos Aires, enero de 2026 – Total News Agency-TNA-

Lo que comenzó como una salida informal entre compañeros terminó convirtiéndose en un episodio bochornoso que hoy sacude a las fuerzas de seguridad y reaviva un debate mucho más incómodo que un simple altercado nocturno.

Empleados del establecimiento alertaron por ruidos de botellas rotas y una pelea que parecía descontrolarse, lo que motivó el llamado de emergencia.

Al arribar los móviles, la escena rozó lo absurdo: los protagonistas del disturbio pertenecían a la misma fuerza que acudía a intervenir. Un desenlace que ni la ficción policial suele ensayar.

Las versiones iniciales indican que el conflicto se habría originado en un reclamo personal, vinculado a supuestos celos y reproches cruzados, que rápidamente escaló a la agresión.

El resultado fue un escándalo que hoy convulsiona puertas adentro y activó la intervención de Asuntos Internos, que abrió actuaciones administrativas para evaluar responsabilidades y eventuales sanciones, aun cuando el episodio ocurrió fuera del horario de servicio.

Sin embargo, el dato que más inquietud genera y no figura en el parte policial. Según una fuente interna consultada por Total News Agency, además del consumo de alcohol, habría existido ingesta de sustancias no aprobadas por la Organización Mundial de la Salud.

En una escena cargada de tensión personal e institucional, el efectivo procedió a detenerla por alteración del orden público, siguiendo el protocolo.

"No fue solo una noche larga", admiten por lo bajo algunos uniformados, "es un síntoma".

Con tono ácido, dentro de la propia fuerza reconocen que el operativo terminó siendo demasiado transparente para una institución que intenta exhibir orden, profesionalismo y control.

Nada extraordinario.

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